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jueves, 22 de julio de 2010

Lo que hoy ví

Por: Adelayde Rivas Sotelo

Es tan común, tan fácil de ignorar y tan simple que no nos importa, caminar por las calles de Managua y no darnos
cuenta de lo que pasa a nuestro alrededor. Quiero contar lo que hoy ví al dirigirme a mi trabajo.
No es la crónica de un día común, o un día perfecto, sino la de un día que quise ver mi entorno con los ojos del alma.

Mi primer parada fue la del semáforo plásticos modernos, donde dos mujeres que por 15 o 20 años han vendido periódicos, sus manos arrugadas, sus rostros resecos esperando al próximo conductor que quizá se anime a comprar el periódico y leer las noticias de un país que tiene habitantes que llevan más de 150 años matándose entre sí.

Las mujeres no sonríen mucho, apenas corren hasta los carros que se acercan a la cuneta. Esta vez no compré el diario, no me dio tiempo el semáforo. Seguí mi rumbo, no sin antes grabarme la imagen de las mujeres, ahí, levantada desde las 3:00a.m o 4:00a.m. recibiendo los diarios y luchando entre el tráfico para ganarse el pan de cada día.

¿Desayunaria lo mismo que yo esa mujer?, pan con matequilla, leche, un poco de gallopinto y huevo. No lo sé, creo que por su trabajo, una taza de café y un pedazo de pan sería la única opción. ¿Se trata de opciones o de oportunidades?, no lo sé, pero ahora que lo medito deseo confiar que sus hijos tendrán un mejor trabajo que el que ella desempeña.

La segunda cosa que vi hoy fue un grupo de hombres encendiendo un poco de fuego, a la entrada del basurero municipal que han dejado en el patio trasero de IMPASA. El contil o la suciedad hacían resaltar las costillas de estos hombres, que a duras penas lograban calentar la porrita de agua, seguro para hacer un poco de café.

Los carretones de caballos cerca a este basurero, también mostraban sus costillas, un cuadro dramático de un equino fue verlo buscar hierba entre el plástico, la chatarra y el hedor. "Vida de Caballo" me dije, por que a veces hasta los perros, dependiendo de sus amas, tienen hasta vitaminas para vivir. Por tanto, la vida de perro suele ser un poco más privilegiada. Y eso me recuerda, a mi amiga que ayer compró en Expica minerales y vitaminas para su perro. Lo que me llevó a la conclusión, cuando vuelva a reencarnar y vuelva como perro, quiero ser el perro de mi amiga. Así de sencillo.

Llegué a mi oficina. Encontré parqueo seguro, por fin. No sin antes ver pasar a un carretoneros de verduras, salteando las calles y pregonando su venta. No se entendían sus palabras, supongo que lleva tanto tiempo visitando este lugar que los vecinos lo conocen y únicamente el grito sin sentido anunciando cualquier fruta, lo identifican.

Era un hombre viejo también, con un poco más de fuerza que los hombres comunes a esa edad. Seguro los años de cargar canastos y empujar del carretón. Otro semáforo, nada a la vista, pareciera abandonada la calle. Los vidrios arriba, los taxis sin respetar la señal de roja, en fin no se necesita saber mucho para entender que ese semáforo temprano por la mañana, no era buena opción quedarse a meditar.


llegué a mi destino, pero lo que hoy ví fue mujeres y hombres que no trabajan al estado o la empresa privada y sea lo que sea, saben que hay que levantarse a trabajar para comer. Mientras otros tiran bombas hechizas, pelean y atacan sin causa, abrazan luchas que nunca entenderán. Al final del día entiendo que mis ojos vieron lo que aveces tratamos de no ver. quizá por que nos duele y tememos al sufrimiento, quizás porque estamos muy ocupados, quizás porque ya no sentimos, o peor, somos concientes y no hacemos nada para cambiar.

¿Dónde me ubico? bien, quizá entre las personas que hoy vieron el mundo con los ojos del alma.
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